Vitaminas: Las chispas que activan tu metabolismo
Para que tu tiroides funcione como un reloj suizo, no basta con tener los materiales adecuados; necesitamos las vitaminas que actúan como «llaves» bioquímicas para encender la energía en cada una de nuestras células. De hecho, sin estas vitaminas, aunque tuvieras niveles normales de hormonas en sangre, tu cuerpo no podría utilizarlas de manera eficiente.
En el hipotiroidismo, algunas vitaminas son críticas: unas ayudan a que la hormona entre en la célula, otras protegen el sistema inmune y otras combaten el cansancio extremo. Como curiosidad, muchas personas con hipotiroidismo presentan niveles bajos de ciertas vitaminas (como la B12 o la D) no por falta de ingesta, sino porque la baja actividad metabólica ralentiza su absorción en el sistema digestivo.
A continuación, exploramos las más importantes para recuperar tu bienestar:
La vitamina D desempeña un papel crucial en la salud y su relación con el hipotiroidismo es sumamente relevante por diversos motivos: es fundamental para nuestro sistema inmunológico (especialmente beneficioso frente a infecciones), y se ha demostrado que su deficiencia está directamente relacionada con enfermedades autoinmunes como el hipotiroidismo de Hashimoto.
Inicialmente se asociaba la vitamina D principalmente con la salud ósea, ya que aumenta la absorción de calcio en los huesos. Sin embargo, más recientemente se ha descubierto que la vitamina D también tiene receptores en otros tejidos y células del sistema inmunológico. De hecho, prácticamente todas las células que forman parte de tu sistema inmune tienen un «receptor de vitamina D», lo que la convierte más en una hormona reguladora que en una simple vitamina.
Niveles adecuados de vitamina D pueden ayudar a prevenir trastornos tiroideos, ya que dicha vitamina influye en la respuesta inmunológica de la tiroides. Además, ayuda a que la T3 se una correctamente a sus receptores dentro de las células. También tiene propiedades antiinflamatorias y colabora en la regeneración de la barrera intestinal, lo que a su vez influye en el estado de ánimo, mejorando la salud mental. Es esencial en la producción de hormonas sexuales y tiroideas, y además nos ayuda a regular el ciclo circadiano y a producir melatonina para dormir mejor.
Es fundamental saber que la activación de la vitamina D depende directamente de unos niveles óptimos de magnesio; si existe un déficit de este mineral, el cuerpo no podrá transformar la vitamina D (ya sea del sol o de suplementos) en su forma activa.
Exposición solar: La piel sintetiza vitamina D cuando se expone a la radiación ultravioleta B del sol. Salir al aire libre durante unos 20 minutos al día, preferiblemente exponiendo las extremidades, puede ayudar a que nuestro cuerpo produzca suficiente vitamina D. Evita las horas centrales del día y no olvides usar protección solar en caso de mayor exposición.
Dieta: Alimentos como pescado graso (salmón, sardinas, caballa, atún), huevos, hongos e hígado de bacalao son buenas fuentes de vitamina D. Al ser liposoluble, se recomienda consumirla con grasas saludables como el aceite de oliva virgen extra.
Suplementos: En caso de deficiencia, se recomienda tomar suplementos, especialmente en regiones donde la exposición solar es limitada durante ciertas épocas del año. Sin embargo, es importante consultar con un profesional de la salud antes, ya que en dosis altas la vitamina D podría ser tóxica.
La combinación de vitamina D3 con K2 (preferiblemente en su forma MK7, que es la más activa y duradera en el organismo) es ideal. Mientras que la vitamina D3 ayuda a mejorar la absorción de calcio, la vitamina K2 se encarga de dirigirlo correctamente hacia los huesos y dientes, evitando que se acumule en arterias y tejidos blandos. Esto es especialmente importante para la salud ósea, cardiovascular y el equilibrio hormonal, aspectos clave en personas con hipotiroidismo.
Por otro lado, la vitamina D3 es liposoluble, lo que significa que su absorción mejora cuando se combina con una fuente de grasa saludable, como el aceite de oliva. Este aceite no solo facilita la asimilación de la vitamina, sino que también aporta antioxidantes y ácidos grasos beneficiosos para la salud en general.
A continuación, te comparto varias opciones disponibles, lo más naturales posible, con distintas concentraciones en UI, algunas de las cuales combinan todos los beneficios mencionados:
Zenement D3 2000 UI + K2 MK7 150 µg (aceite oliva ecológico)
D3 + K2 MK7 en aceite oliva virgen extra ecológico español para máxima absorción. Apoya inmunidad, huesos y función tiroidea sin excipientes innecesarios. 7 meses suministro.
Aavalabs D3 2000 UI + K2 MK7 100 µg (aceite oliva)
Combinación equilibrada en aceite oliva virgen extra, ideal para mantenimiento de niveles óptimos de D3 en hipotiroidismo y salud ósea. Buena relación calidad-duración.
Sevens Nutrition D3 4000 UI + K2 MK7 200 µg (alta dosis) -Dosis más potente para déficit severo de vitamina D, con aceite oliva y K2 premium. Ajustar según análisis (1-2 perlas/día). Reserva para niveles muy bajos.
Las vitaminas del complejo B son las «chispas» fundamentales para la función tiroidea y el metabolismo en general. Actúan en sinergia: mientras unas ayudan a fabricar la hormona, otras aseguran que la energía llegue a tus células. Al ser hidrosolubles, el cuerpo no las almacena en grandes cantidades, por lo que es necesario un aporte diario constante.
La vitamina B12 (Cobalamina): Es esencial para los nervios y las células sanguíneas. Una deficiencia de B12 es muy común en el hipotiroidismo y puede causar fatiga extrema y «neblina mental» . Es clave para un proceso llamado metilación, que ayuda al cuerpo a desintoxicarse y a reparar el ADN. Se encuentra principalmente en alimentos de origen animal como carnes magras, pescados grasos, productos lácteos y huevos. Es importante destacar que el hipotiroidismo suele ir acompañado de una baja producción de ácido en el estómago, lo que dificulta seriamente la absorción de esta vitamina.
El ácido fólico (Vitamina B9): Contribuye al metabolismo de los aminoácidos y es necesario para la síntesis y reparación del ADN. Aunque es muy conocido por su importancia vital durante el embarazo para prevenir malformaciones en el desarrollo del bebé, para la tiroides es fundamental en la renovación de los tejidos, ya que permite que las células de la glándula se regeneren y se repliquen correctamente. Sus fuentes incluyen vegetales de hoja verde, legumbres, frutas y cereales fortificados. Se recomienda consumirlo en su forma activa (metilfolato) para asegurar una mejor asimilación, especialmente si existen problemas digestivos.
La vitamina B6 (Piridoxina): Importante para el metabolismo de proteínas y carbohidratos, así como para la función del sistema inmunológico y nervioso. Sin suficiente B6, la tiroides no puede utilizar el yodo de manera eficiente para producir hormonas. Se encuentra en carnes magras, pescados, legumbres, vegetales de hojas verdes y semillas de girasol.
La vitamina B3 (Niacina): Contribuye al metabolismo de las hormonas tiroideas. Puedes obtenerla de carnes magras, pescados, legumbres, frutos secos, vegetales y productos de grano entero.
La vitamina B2 (Riboflavina): Ayuda en la producción de hormonas tiroideas. Es necesaria para activar los «transportadores» de yodo; sin ella, el yodo no puede entrar correctamente en la glándula para fabricar las hormonas. Sus fuentes incluyen lácteos, carnes magras, pescados, huevos, vegetales y cereales integrales.
Todas las vitaminas del complejo B trabajan en conjunto para mantener la salud tiroidea. Además de ser cruciales para la producción de energía y la salud general, son las responsables de promover la fuerza y vitalidad del cabello, la piel y las uñas, que suelen verse afectados en el hipotiroidismo.
Es fundamental consumir una variedad de los alimentos mencionados para asegurar un aporte adecuado. Sin embargo, en algunos casos puede ser necesario un suplemento de vitamina B12 para ayudar a reparar los daños causados por el hipotiroidismo, aliviando la fatiga y la neblina mental. En el caso de que tu médico considere necesaria la suplementación, se suele aconsejar el uso de un «Complejo B» para mantener el equilibrio entre todas ellas, ya que el exceso de una puede enmascarar la falta de otra.
Recuerda que cualquier suplementación debe realizarse bajo la supervisión de un profesional de la salud.
La vitamina A es esencial para mantener la salud de la glándula tiroides y la producción adecuada de hormonas. Desempeña un papel crucial al regular ciertos genes y ayudar a que las células de la glándula tiroides funcionen correctamente. De hecho, actúa como un "socio" de la vitamina D; ambas son necesarias para que el receptor de la hormona tiroidea se active y permita que la T3 entre en la célula.
Es fundamental para la síntesis de proteínas necesarias para la formación y liberación de las hormonas tiroideas T3 y T4, así como para la conversión de T4 en la hormona activa T3. Además, la vitamina A es necesaria para que los receptores de la hormona tiroidea dentro de nuestras células funcionen; sin ella, aunque tengas hormonas, estas no pueden dar sus instrucciones correctamente.
Además de su papel en la salud tiroidea, la vitamina A es importante para la regulación del sistema inmunológico, el mantenimiento de la salud de la piel y la visión, y el apoyo al crecimiento celular.
Consumir una variedad de alimentos ricos en vitamina A es esencial para mantener la salud general y el buen funcionamiento de la tiroides.
La vitamina A se encuentra en alimentos de origen animal y vegetal, incluyendo zanahorias, batatas (camote), calabaza, pimientos, espinacas, brócoli, damascos, duraznos, papaya, hígado de res y de pollo, yema de huevo y productos lácteos (queso, mantequilla).
El betacaroteno presente en vegetales como zanahorias y espinacas se convierte en vitamina A en el cuerpo según sea necesario. Esto es vital para quienes no consumen muchos productos de origen animal, aunque en personas con hipotiroidismo esta conversión a veces es más lenta y requiere especial atención. Una señal física de que tu cuerpo no está transformando bien el betacaroteno en vitamina A es el ligero tinte anaranjado que puede aparecer en las palmas de las manos o las plantas de los pies.
Es crucial consumir vitamina A en cantidades adecuadas para evitar tanto la deficiencia como el exceso, ya que ambos pueden tener efectos negativos en la salud. Debido a que esta vitamina se acumula en el organismo y puede ser tóxica en dosis altas, la mejor estrategia es obtenerla siempre de fuentes naturales. En caso de necesidad, se pueden considerar suplementos nutricionales, pero únicamente bajo la supervisión de un profesional de la salud y tras una analítica previa.
La vitamina C es un antioxidante esencial que ayuda a proteger la glándula tiroides del estrés oxidativo, un proceso que puede dañar sus células y afectar su funcionamiento. Este daño, causado por los radicales libres, puede afectar negativamente la función tiroidea y contribuir al desarrollo de enfermedades.
Además de su acción antioxidante, la vitamina C fortalece el sistema inmunológico, lo que puede ser beneficioso para personas con enfermedades autoinmunes como la tiroiditis de Hashimoto. Al mejorar la función inmunológica, ayuda a modular la respuesta inflamatoria y a proteger la glándula tiroides del ataque autoinmune. De hecho, la vitamina C es necesaria para fabricar las proteínas que transportan las hormonas tiroideas por la sangre, asegurando que lleguen a su destino.
Un dato clave para quienes están bajo tratamiento: la vitamina C mejora la acidez estomacal necesaria para absorber correctamente la medicación tiroidea (T4), por lo que unos niveles óptimos ayudan a que el tratamiento sea más efectivo. De hecho, tomar un poco de agua con limón en ayunas, al menos 30 minutos antes de la medicación, puede ayudar a preparar el entorno gástrico y mejorar la acidez necesaria para una óptima absorción posterior. También es fundamental para la producción de colágeno, una proteína clave para la estructura de todos los tejidos del cuerpo, contribuyendo a la salud general del organismo.
Para obtener sus beneficios, incluye en tu dieta alimentos como cítricos (naranjas, limones, mandarinas), fresas, kiwis, pimientos y brócoli. Estos alimentos aportan otros antioxidantes y nutrientes esenciales que trabajan en conjunto para tu salud.
Precauciones: Aunque la vitamina C es generalmente segura porque el cuerpo elimina el exceso a través de la orina, un consumo excesivo (especialmente a través de suplementos en dosis muy altas) puede causar molestias digestivas como diarrea y dolor abdominal, e incluso favorecer la formación de cálculos renales en personas predispuestas. Por eso, lo mejor es obtenerla de una dieta equilibrada y, si consideras la suplementación, consultar con un profesional de la salud.
Tipos de Suplementos para el Hipotiroidismo: Si decides suplementar, busca opciones de vitamina C no ácida (como el ascorbato de sodio) si tienes el estómago sensible, o fórmulas con bioflavonoides para mejorar su absorción.
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NOVOMA Vitamina C Liposomal 1000 mg – Máxima absorción - Vitamina C liposomal altamente biodisponible en cápsulas vegetales limpias. Ideal para estrés oxidativo tiroideo intenso o mala absorción intestinal. 3 meses suministro.
Vitabay Vitamina C 1000 mg + Bioflavonoides (250 comprimidos) - Liberación prolongada Vitamina C con bioflavonoides cítricos de liberación sostenida (8 horas). Perfecta para colágeno, piel, vasos sanguíneos y apoyo inmunológico continuo tiroideo. +8 meses suministro.
La vitamina E (Tocoferol) es un antioxidante liposoluble que protege las membranas de las células tiroideas. Es especialmente importante en el hipotiroidismo, ya que ayuda a reducir la peroxidación lipídica, un proceso de "oxidación de las grasas" que puede dañar la estructura de la glándula.
¿Por qué es clave?: La producción de hormonas tiroideas genera, de forma natural, «desechos» oxidativos. La vitamina E se encarga de limpiar esos desechos para que la glándula no se inflame. Además, ayuda a mejorar la sensibilidad de los receptores periféricos a las hormonas, permitiendo que estas actúen mejor en los tejidos.
Sinergia con el Selenio: Trabajan juntos. El selenio recicla la vitamina E para que esta pueda seguir protegiendo tus células una y otra vez. Sin suficiente vitamina E, el selenio no puede realizar su función protectora de forma completa, y viceversa.
Fuentes naturales: Aguacate, aceite de oliva virgen extra, almendras, semillas de girasol, avellanas y espinacas.