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El diagnóstico de las enfermedades de la tiroides comienza, en la gran mayoría de los casos, con un análisis de sangre, que es la herramienta clave para evaluar tu función hormonal.
Solo en situaciones específicas, o cuando es necesario conocer la forma y estructura de la glándula, el profesional de la salud puede complementar el estudio con pruebas de imagen. A continuación, detallamos las pruebas más comunes y cómo ayudan a identificar condiciones como el hipotiroidismo, hipertiroidismo, tiroiditis, nódulos o bocio.
El mapa hormonal
Para el diagnóstico de los trastornos tiroideos, se realizan pruebas de laboratorio que evalúan los niveles de hormonas en la sangre. Las más comunes incluyen TSH, T4 y T3.
Es la medida más precisa de la actividad tiroidea. Un nivel elevado generalmente indica hipotiroidismo, mientras que un nivel bajo puede ser indicativo de hipertiroidismo.
Se recomienda medir siempre la fracción LIBRE de estas hormonas. Mientras que los valores "totales" pueden verse alterados por otros factores, las mediciones libres son las más fiables para evaluar la función tiroidea activa, ya que muestran la hormona que realmente está trabajando en tu cuerpo y no la que está unida a proteínas.
La T3 reversa (rT3) es una forma inactiva de la hormona triyodotironina (T3). Se produce en el cuerpo cuando la tiroxina (T4), en lugar de convertirse en T3 activa, lo hace en esta versión, rT3, que no tiene actividad biológica y no contribuye a las funciones metabólicas.
Es fundamental tenerla en cuenta por las siguientes razones:
El impacto del estrés: Su producción puede aumentar en condiciones de estrés, enfermedad crónica o ciertos tratamientos médicos.
Síntomas con análisis "normales": Niveles elevados de rT3 pueden estar asociados con síntomas de hipotiroidismo, incluso si los niveles de T4 y T3 son normales.
Síndrome del enfermo eutiroideo: Ocurre cuando enfermedades graves o el estrés alteran la conversión normal de T4 a T3 activa, elevando la rT3 como mecanismo de defensa o ahorro del cuerpo.
💡 La visión completa: Evaluar la T3 libre junto con la TSH y la T4 proporciona una imagen mucho más completa de la función tiroidea. Su medición es especialmente útil para detectar la tirotoxicosis (exceso de hormonas), cuyos síntomas incluyen pérdida de peso, nerviosismo, irritabilidad, sudoración excesiva y aumento de la frecuencia cardíaca.
Cuando hay sospechas de enfermedades autoinmunes de la tiroides, se realizan pruebas para detectar la presencia de anticuerpos que atacan a la propia glándula:
Cuando hay sospechas de enfermedades autoinmunes de la tiroides se pueden realizar pruebas para detectar la presencia de anticuerpos antitiroideos, que atacan a la propia glándula, como son los anticuerpos antiperoxidasa (anti-TPO) y los anticuerpos antitiroglobulina (anti-TG).
Estos anticuerpos interfieren en el proceso de fabricación de las hormonas, atacando a las proteínas (tiroglobulina) y enzimas (peroxidasa) esenciales para su producción. Su presencia es el marcador principal para diagnosticar condiciones como la tiroiditis de Hashimoto.
La TSI (Thyroid Stimulating Immunoglobulin o Inmunoglobulina Estimulante de la Tiroides) es un anticuerpo que se mide para evaluar la presencia de la enfermedad de Graves, una condición autoinmune que afecta la glándula tiroides.
En dicha enfermedad, el sistema inmunitario produce estos anticuerpos que imitan la acción de la TSH (hormona estimulante de la tiroides) y al unirse a los receptores de TSH en la glándula tiroides, provocan una producción excesiva de hormonas tiroideas, lo que lleva a síntomas de hipertiroidismo, como pérdida de peso, nerviosismo, sudoración excesiva, palpitaciones y aumento de la frecuencia cardíaca.
Es una herramienta clave cuando otros resultados no son concluyentes para confirmar dicha causa autoinmune, que es la enfermedad de Graves.
Estas pruebas proporcionan información crucial sobre el funcionamiento de la glándula tiroides y ayudan a establecer un diagnóstico adecuado. Sin embargo, en algunos casos, los análisis de sangre no son suficientes y el profesional puede requerir estudios de imagen para identificar la causa física o estructural del trastorno.
La interpretación de las pruebas debe ser realizada por un profesional de la salud. Es fundamental entender que el diagnóstico no debe basarse únicamente en los niveles hormonales, sino también en los síntomas del paciente y otras evaluaciones clínicas.
Esta visión integral es clave para detectar casos de hipotiroidismo subclínico, donde los desequilibrios no son evidentes en la analítica pero los síntomas sí afectan la calidad de vida. Un indicador común, por ejemplo, es la sensación de extremidades frías; por ello, llevar un registro de la temperatura corporal puede ser una herramienta muy útil para identificar una tiroides hipoactiva.
Ten en cuenta que los valores de referencia para los análisis de sangre relacionados con la función tiroidea pueden variar significativamente entre distintos laboratorios y países.
Rango de TSH (ATA): La American Thyroid Association establece que el rango de referencia estándar para la hormona TSH suele situarse entre 0.4 y 4.0 mIU/L (miliunidades internacionales por litro).
El debate del "Rango Óptimo": Muchos expertos de la Endocrine Society sugieren que niveles de TSH superiores a 2.5 mIU/L ya pueden asociarse a síntomas de hipotiroidismo en ciertos perfiles clínicos, a pesar de estar dentro del rango "normal" de laboratorio.
T4 Libre (Tiroxina): El rango de referencia estándar oscila generalmente entre 0.8 y 1.8 ng/dL (nanogramos por decilitro). Niveles que se encuentran en el tercio inferior de este rango, incluso si son técnicamente "normales", a menudo se correlacionan con una sintomatología persistente si no hay una conversión eficiente.
T3 Libre (Triyodotironina): Al ser la hormona biológicamente activa, su rango suele estar entre 2.3 y 4.2 pg/mL (picogramos por mililitro). Siguiendo los criterios de optimización metabólica de la Endocrine Society, muchos clínicos buscan que el paciente se sitúe en la mitad superior de este rango para asegurar una función celular adecuada.
Enfoque en el paciente (JAMA): Estudios publicados en la revista JAMA subrayan que en el diagnóstico de trastornos tiroideos leves, la decisión clínica debe priorizar la mejoría de la calidad de vida y los síntomas del paciente por encima del dato aislado del laboratorio.
Por último, cabe señalar que, a diferencia del hipertiroidismo, el hipotiroidismo no suele requerir pruebas de imagen para su diagnóstico inicial. No obstante, en ciertos casos se utilizan el ultrasonido o la gammagrafía para evaluar la estructura y morfología de la glándula.
El ultrasonido utiliza ondas sonoras para crear imágenes detalladas de la glándula y evaluar su tamaño, forma y estructura. Es fundamental para identificar nódulos tiroideos y detectar bocio.
Por otro lado, la ecografía cervical es similar pero incluye un examen más amplio del cuello, permitiendo visualizar también otras estructuras como ganglios linfáticos y vasos sanguíneos.
Si en la ecografía se detectan rasgos sospechosos, el siguiente paso suele ser la PAAF o ampliar información en Cáncer de Tiroides.
Utiliza una pequeña cantidad de material radiactivo para evaluar la función y la estructura de la glándula tiroides, ayudando a determinar si los nódulos son sospechosos de malignidad.
La captación de radioisótopos es el proceso clave: se administra una pequeña cantidad de material (como yodo radiactivo) que la tiroides absorbe. Las imágenes permiten observar la distribución:
Nódulos hipercaptantes: Absorben más yodo y suelen ser benignos, aunque pueden causar un exceso de hormonas. Aprende más sobre cómo estos nódulos pueden causar Hipertiroidismo (Enfermedad de Plummer).
Nódulos hipocaptantes o «fríos»: Absorben menos o nada, y pueden ser sospechosos de malignidad. Si el resultado no es concluyente o el nódulo es frío, consulta la sección de Cáncer de Tiroides.
Es una técnica segura y precisa para obtener muestras de tejido de los nódulos tiroideos y evaluar su naturaleza (benigna o maligna). Para entender qué sucede si los resultados muestran células atípicas, visita Cáncer de Tiroides.
Para evaluar la función tiroidea y detectar posibles trastornos, se miden los niveles de TSH, T4 libre y T3 libre. Dependiendo de la sospecha clínica, se aplican las siguientes pruebas específicas:
El diagnóstico se realiza principalmente mediante análisis de sangre (TSH, T4 libre y T3 libre). Un nivel elevado de TSH junto con niveles bajos de T4 libre suelen ser indicativos de esta condición. Consulta toda la información sobre el Hipotiroidismo aquí.
Si se sospecha una causa autoinmune, como la Tiroiditis de Hashimoto (que encontrarás dentro de la sección de Tiroiditis), se analizan los anticuerpos anti-TPO y anti-TG. En ciertos casos, se completa con una ecografía cervical para evaluar anomalías estructurales.
Se detecta mediante niveles bajos de TSH acompañados de niveles altos de T4 libre y T3 libre. Consulta los detalles del Hipertiroidismo aquí.
Para confirmar la Enfermedad de Graves (que encontrarás en el apartado de causas y tipos de hipertiroidismo), se analiza la presencia del anticuerpo específico TSI. Si existen nódulos o bocio visibles, la ecografía es la herramienta clave para caracterizarlos.
Además de la TSH y T4 libre, se miden los anticuerpos para descartar causas autoinmunes. Un punto diferencial es el análisis de marcadores inflamatorios como la PCR (Proteína C Reactiva) y la VSG (Velocidad de Sedimentación), que se elevan ante procesos inflamatorios activos. El diagnóstico se apoya siempre en el historial clínico y la ecografía.
Saber más sobre los tipos de Tiroiditis aquí.
El diagnóstico suele comenzar tras el hallazgo de un nódulo sospechoso. Se evalúa la función tiroidea general, pero la confirmación definitiva se obtiene a través de la PAAF, que analiza las células del nódulo. Es una prueba segura y es la que permite al especialista decidir el tratamiento más adecuado.
Conoce más sobre el tratamiento principal en Cirugía / Tiroidectomía aquí.
Para diagnosticar los nódulos, se miden los niveles de TSH y T4 libre. La ecografía cervical es la prueba reina aquí, ya que permite ver la forma, el borde y el contenido del nódulo. Toda la información sobre Nódulos Tiroideos aquí.
Si un nódulo presenta características sospechosas por su tamaño o aspecto en la ecografía, el médico solicitará una PAAF (punción) para determinar si es benigno o maligno.
Descubre la importancia de mantener niveles adecuados de Yodo para prevenir su aparición.
El bocio es el aumento de tamaño de la glándula tiroides. Para evaluarlo, se analizan los niveles de TSH y T4 libre mediante análisis de sangre. La ecografía cervical es fundamental para medir el volumen exacto y ver si el crecimiento afecta a estructuras vecinas.
En algunos casos, se realiza una gammagrafía para ver si ese bocio es "tóxico" (como en la Enfermedad de Plummer), lo que significa que produce hormonas en exceso.
Muchos casos de bocio tienen su origen en la falta de este nutriente clave: Yodo.
Si tienes preocupaciones sobre tu tiroides o síntomas de hipotiroidismo, te recomendamos que consultes a un profesional de la salud para una evaluación completa.