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La pieza clave para la fabricación de hormonas tiroideas
El yodo es un componente esencial de las hormonas tiroideas (T4 y T3). Este mineral es necesario para la síntesis de estas hormonas tiroideas, ya que forma parte de su estructura molecular.
La falta de yodo puede causar problemas de salud como bocio, hipotiroidismo e incluso problemas mentales graves en etapas críticas del desarrollo, especialmente en niños. Por eso, es fundamental asegurar una ingesta adecuada.
Sin embargo, es importante mantener un equilibrio, ya que un exceso de yodo también puede ser perjudicial. Antes de realizar cambios importantes en tu consumo de yodo, siempre es aconsejable consultar a un profesional médico.
Podemos encontrar el yodo en distintas fuentes alimenticias:
El pescado de agua salada y los mariscos son excelentes fuentes de yodo. Especialmente el salmón, el bacalao y la caballa, que también son ricos en ácidos grasos omega-3, beneficiosos para la salud tiroidea y la reducción de la inflamación.
Los mariscos, como los camarones, almejas y ostras, también son ricos en yodo debido a su presencia en el agua del mar.
Las algas y productos a base de algas marinas, como el nori, el wakame, el kelp o el kombu, son algunas de las fuentes más concentradas de yodo y se pueden incorporar en sopas, ensaladas o platos de sushi. Sin embargo, es importante tener precaución, ya que su alto contenido de yodo podría afectar la función tiroidea.
Es fundamental tener en cuenta que las necesidades de yodo pueden variar según la edad, el género y el estado de salud.
Si tienes inquietudes sobre tu consumo de yodo o estás pensando en tomar suplementos, es recomendable consultar a un profesional de la salud para recibir asesoramiento adaptado a tus necesidades individuales.
Los huevos son una fuente natural de yodo, proporcionando este importante mineral de manera fácilmente accesible y versátil. Es fundamental consumirlos enteros, ya que el yodo se concentra principalmente en la yema.
Además, son una excelente fuente de proteínas de alto valor biológico, necesarias para mantener la masa muscular y el metabolismo activo. Junto con el selenio y la vitamina D, estas proteínas ayudan a que tu cuerpo aproveche mejor los nutrientes, convirtiendo al huevo en un alimento clave para el bienestar de tu tiroides.
La sal de mesa fortificada con yodo es una fuente importante de este mineral y es comúnmente utilizada en muchas dietas. Agregar un poco de sal yodada a tus comidas puede ayudar a prevenir deficiencias de yodo.
Se aconseja elegir sal gruesa o sin refinar, ya que la sal de mesa suele someterse a procesos que reducen su contenido de minerales esenciales y pueden añadir compuestos artificiales innecesarios. Sin embargo, no te excedas con la cantidad, ya que el exceso de sodio no es saludable.
Un truco importante: añádela al final del cocinado, ya que el yodo es sensible al calor y puede evaporarse si hierve demasiado tiempo. Así te aseguras de aprovechar realmente el mineral que has añadido.
Las carnes suelen aportar menos yodo en comparación con otros grupos de alimentos, pero aún así pueden contribuir a la ingesta total en la dieta. La que generalmente tiene más contenido es la carne de res, específicamente el hígado de res, que además aporta vitamina A, fundamental para que la hormona tiroidea funcione correctamente en tus células. .
Sin embargo, es importante consumirla con moderación debido a su contenido de grasas saturadas. Las carnes magras, como el pollo y el pavo, generalmente contienen menos yodo.
El contenido de este mineral varía según la alimentación del animal (si es de pastoreo o no) y los métodos de procesamiento, por lo que siempre es mejor elegir opciones lo más naturales posibles.
Las frutas y verduras pueden contener yodo, aunque su contenido suele ser bajo y la cantidad depende de la riqueza del suelo en el que se cultivan y otros factores ambientales.
Por tanto, es aconsejable incluir una variedad de frutas y verduras en la dieta para garantizar una ingesta equilibrada de nutrientes, incluido el yodo y complementar la ingesta con otras fuentes ricas en este mineral, como el pescado, los productos lácteos y la sal yodada.
Algunos ejemplos de estas son:
Frutas: Fresas, moras, arándanos, piña, limón, manzana, plátano.
Verduras: verduras de hoja verde como espinacas, acelgas, ajo, cebolla, tomates, zanahorias, papas.
Los cereales, legumbres y frutos secos pueden proporcionar cantidades moderadas de yodo en la dieta, aunque su contenido varía según el tipo y el procesamiento. Por lo general, los cereales integrales como el arroz integral y la avena tienen un contenido de yodo más bajo en comparación con los productos lácteos y los mariscos.
Las legumbres, como las lentejas y los frijoles, pueden contener yodo en cantidades moderadas (siempre que se pongan en remojo para eliminar antinutrientes), mientras que los frutos secos tienen un contenido muy bajo de este mineral. Aunque contribuyen a la ingesta total, no suelen ser las fuentes principales.
Aquí tienes algunos ejemplos:
Cereales y legumbres: Guisantes, habas, frijoles, maíz, avena, lentejas y arroz integral.
Frutos secos: Destacan los pistachos, avellanas y anacardos. Mención especial merecen las nueces de Brasil, que aunque aportan algo de yodo, son la fuente número uno de selenio, mineral imprescindible para activar la hormona tiroidea. ¡Ojo! No te excedas: En el caso de las nueces de Brasil, basta con consumir 1 o 2 al día. Superar esta cantidad de forma habitual puede causar un exceso de selenio, lo cual resulta contraproducente para la salud tiroidea.
La leche, el yogur, el queso pueden ser excelentes fuentes de yodo, calcio y vitamina D, especialmente cuando provienen de animales alimentados con dietas ricas en este mineral. Sin embargo, como hemos mencionado en el apartado anterior, muchas personas con hipotiroidismo (especialmente Hashimoto) presentan sensibilidad a sus proteínas. Si decides consumirlos para obtener estos nutrientes, prioriza siempre los de cabra u oveja o las opciones fermentadas.