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La tiroiditis es la inflamación de la glándula tiroides. Esta inflamación puede ser temporal o permanente y, en muchos casos, provoca un aumento visible del cuello llamado bocio.
La tiroiditis es la inflamación de la glándula tiroides. Esta inflamación puede ser temporal o permanente y, en muchos casos, provoca un aumento visible de la glándula tiroides llamado bocio.
Entre las causas más frecuentes se encuentran los trastornos autoinmunes, siendo la Tiroiditis de Hashimoto uno de los más comunes. Sin embargo, también puede deberse a una inflamación indolora tras dar a luz (postparto) o estar asociada a infecciones virales, como la tiroiditis subaguda, entre otras.
Lo más relevante de esta afección es que suele alterar el ritmo del cuerpo en dos tiempos:
Fase de Hipertiroidismo: Al inflamarse, la glándula libera de golpe las hormonas que tenía guardadas. El metabolismo se acelera, provocando nerviosismo, palpitaciones o pérdida de peso.
Fase de Hipotiroidismo: Tras ese "vaciado", la glándula queda agotada o dañada, bajando la producción de hormonas. Esto puede causar fatiga, aumento de peso, depresión, piel seca y sensación de frío.
La manifestación clínica y su tratamiento varían considerablemente según la causa subyacente y la gravedad de la inflamación. El manejo suele incluir:
Medicamentos para controlar los síntomas de hipertiroidismo o hipotiroidismo.
Tratamientos específicos para abordar la causa principal de la inflamación según sea necesario.
Es esencial un diagnóstico adecuado y un seguimiento continuo para manejar eficazmente esta condición y minimizar sus efectos en la salud.
La tiroiditis de Hashimoto es una condición autoinmune donde el sistema inmunitario ataca por error la glándula tiroides, causando una inflamación crónica. Es, actualmente, la causa más frecuente de hipotiroidismo en los países con una ingesta adecuada de yodo.
Es fundamental entender la diferencia para no caer en confusiones:
Tiroiditis de Hashimoto: Es la enfermedad autoinmune (la causa). Se producen cuando el sistema inmunitario genera anticuerpos que atacan los tejidos sanos de la glándula, provocando una inflamación crónica y un daño gradual que puede afectar la producción hormonal.
Hipotiroidismo de Hashimoto: Es la consecuencia. Ocurre cuando el daño es tan avanzado que la glándula ya no puede producir suficientes hormonas.
Es crucial entender que, aunque todas las personas con hipotiroidismo de Hashimoto tienen tiroiditis de Hashimoto, no todas las personas con tiroiditis de Hashimoto desarrollan hipotiroidismo. Muchas personas mantienen una función tiroidea normal durante años o incluso de forma permanente, aunque tengan los anticuerpos elevados.
A diferencia de otros trastornos, aquí la clave no solo está en la TSH, sino en los anticuerpos:
Anti-TPO (Anticuerpos antiperoxidasa): Su presencia en sangre es la "huella dactilar" de Hashimoto.
Anticuerpos antitiroglobulina: Se miden en algunos casos para confirmar el diagnóstico.
TSH, T4 y T3: Indican en qué fase se encuentra la enfermedad y si ya ha derivado en hipotiroidismo.
Cuando la enfermedad progresa y los niveles hormonales bajan, suelen aparecer:
Fatiga persistente y aumento de peso.
Intolerancia al frío y piel seca.
Bajo estado de ánimo o depresión.
El tratamiento y manejo del hipotiroidismo de Hashimoto se centra en la suplementación hormonal para compensar la función reducida de la glándula tiroides.
El equilibrio interrumpido
A diferencia de otras formas de tiroiditis, la subaguda se caracteriza por una inflamación gradual de la glándula que pueden aparecer de forma más repentina, generalmente desencadenada tras una infección viral (como una gripe o un virus respiratorio).
Existen dos formas principales de tiroiditis subaguda, cada una asociada con diferentes fases de función tiroidea: hipertiroidismo temporal e hipotiroidismo persistente (que puede prolongarse varios meses).
Es una condición temporal causada por la inflamación de la glándula tiroides, generalmente después de una infección viral. Al dañarse las células por la inflamación provocada, la glándula "derrama" las hormonas que tenía almacenadas hacia el torrente sanguíneo.
Síntomas: Nerviosismo, palpitaciones, sudoración excesiva y pérdida de peso. Pueden ser intensos.
Duración: Es transitoria y suele resolverse sola a medida que la inflamación baja.
Después del hipertiroidismo temporal, tras el vaciado de hormonas, la glándula entra en un periodo de "agotamiento" o recuperación, que puede llevar a una fase de hipotiroidismo persistente en algunos casos.
Síntomas: Fatiga, aumento de peso, depresión y sensibilidad al frío.
Desenlace: En la mayoría de los casos, la tiroides se recupera y vuelve a funcionar con normalidad. Sin embargo, en algunas personas el daño es mayor y el hipotiroidismo puede volverse crónico, requiriendo medicación.
Ambas fases pueden estar precedidas por una infección viral y suelen manifiestan con:
Dolor en el cuello (a menudo se irradia hacia la mandíbula o las orejas).
Fiebre y malestar general (similar a un estado gripal).
Fatiga intensa.
La diferencia clave entre ambas radica en la fase de la función tiroidea afectada: una conduce a un aumento temporal en la producción de hormonas tiroideas (hipertiroidismo) seguido por una posible normalización, mientras que la otra puede resultar en una disminución prolongada en la producción de hormonas tiroideas (hipotiroidismo).
En resumen, la tiroiditis subaguda es una condición compleja que puede afectar la glándula tiroides de diferentes maneras, y es fundamental un diagnóstico y seguimiento adecuados para manejar sus efectos en la salud del paciente.
La tiroiditis postparto es una inflamación indolora de la glándula tiroides que ocurre en el primer año después de dar a luz. Se produce por los cambios drásticos que experimenta el sistema inmunológico tras el embarazo, afectando especialmente a mujeres con predisposición genética autoinmune.
Al igual que otras tiroiditis, suele seguir un patrón de "montaña rusa" hormonal:
Fase de Hipertiroidismo: Ocurre habitualmente entre el 1.º y 4.º mes tras el parto. La glándula inflamada libera hormonas almacenadas, provocando palpitaciones, nerviosismo, irritabilidad y pérdida de peso rápida.
Fase de Hipotiroidismo: Aparece entre el 4.º y 8.º mes. Tras el exceso inicial, los niveles caen, lo que genera fatiga intensa, aumento de peso, piel seca y, en ocasiones, tristeza o síntomas similares a la depresión postparto.
En la mayoría de los casos (aprox. 80%), la función tiroidea vuelve a la normalidad al cabo de un año. Sin embargo, es vital realizar un seguimiento médico, ya que existe un riesgo mayor de desarrollar hipotiroidismo permanente en el futuro.
La tiroiditis congénita es una condición extremadamente poco frecuente en la que el bebé nace con la glándula tiroides inflamada. Es importante no confundirla con el hipotiroidismo congénito común (donde la glándula simplemente no produce hormonas); aquí, el origen es un proceso inflamatorio.
Las causas principales suelen estar relacionadas con el entorno del embarazo:
Anticuerpos maternos: Si la madre tiene enfermedades autoinmunes de la tiroides (como la enfermedad de Graves o tiroiditis de Hashimoto), sus anticuerpos pueden atravesar la placenta y afectar temporalmente al bebé.
Infecciones durante el embarazo: Algunas infecciones virales o bacterianas pueden provocar inflamación en distintos órganos, incluida la tiroides del feto.
Factores genéticos: Aunque no es común, algunas alteraciones genéticas pueden predisponer a problemas tiroideos desde el nacimiento.
Uso de ciertos medicamentos en el embarazo: Algunos fármacos pueden interferir con la función tiroidea del bebé y generar inflamación.
Dependiendo de si la inflamación daña la tiroides o la hace trabajar demasiado, los síntomas pueden variar. En ambos casos, puede observarse un aumento del tamaño del cuello (bocio neonatal).
Si deriva en Hipotiroidismo Si deriva en Hipertiroidismo (menos)
Piel amarillenta (ictericia) Piel enrojecida Falta de energía Latidos del corazón acelerados (taquicardia)Bebé muy calmado Bebé muy inquieto o irritableSueño excesivo Dificultad para dormir Dificultad para alimentarse Pérdida de peso a pesar de comer bien Estreñimiento Diarrea o deposiciones frecuentes Extremidades frías Sudoración o piel caliente Llanto ronco Crecimiento y desarrollo lento si no se trata a tiempoAfortunadamente, en muchos países se realiza el tamizaje neonatal (prueba del talón), una prueba de sangre que mide los niveles de hormonas tiroideas de forma inmediata tras el nacimiento. Si algo no está bien, el médico realizará pruebas de confirmación:
Análisis de sangre detallado: Para medir exactamente la TSH y la T4 libre.
Ecografía tiroidea: Vital para ver el tamaño, la forma y el grado de inflamación de la glándula.
Sí, y es muy importante tratarla a tiempo para evitar problemas en el desarrollo del bebé.
Si hay hipotiroidismo, se administra levotiroxina. Es un tratamiento sencillo, seguro y que que garantiza un desarrollo normal.
Si hay hipertiroidismo, se recetan medicamentos para controlar el exceso de producción de hormonas hasta que la condición se resuelva (si es transitoria) o se evalúe la mejor opción a largo plazo.
La tiroiditis congénita es extraña, pero cuando ocurre, es crucial detectarla y tratarla pronto. Con un diagnóstico temprano y la supervisión de un endocrinólogo pediátrico, el niño tendrá un desarrollo físico y mental completamente normal. Si tienes dudas sobre el tema, siempre es recomendable hablar con un endocrinólogo pediátrico lo antes posible.
Si hay falta de hormona, se administra levotiroxina. Si hay exceso, se controla con medicación específica. En ambos casos, bajo la supervisión de un endocrinólogo pediátrico, el niño tendrá un desarrollo físico y mental completamente normal.
La tiroiditis de De Quervain (también llamada subaguda, granulomatosa o viral) es una forma de inflamación de la glándula tiroides y la causa más frecuente de dolor tiroideo. A diferencia de Hashimoto, que es "silenciosa", esta se hace notar por una inflamación aguda.
Lo que la distingue de otras tiroiditis es:
Dolor intenso: Se localiza en la parte frontal del cuello, pero es muy común que el dolor se desplace hacia la mandíbula o los oídos.
Estado febril: Suele venir acompañada de fiebre, cansancio y malestar general, de forma muy parecida a una gripe.
Se cree que es debida a una infección viral o una respuesta postviral. El virus puede dañar las células de la tiroides, provocando primero una gran liberación de hormonas, seguida de una fase de hipotiroidismo (deficiencia de hormonas tiroideas):
Fase inicial de hipertiroidismo: Por la liberación repentina de hormonas al torrente sanguíneo.
Fase de hipotiroidismo: Mientras la glándula se recupera.
Recuperación total: La gran mayoría de los pacientes recuperan su función normal en unas semanas o pocos meses, aunque es posible que necesiten tratamiento para manejar los síntomas durante este período.
El enfoque médico aquí no es "curar" el virus, sino manejar la inflamación y el dolor:
Antiinflamatorios: Para reducir la hinchazón y el dolor de cuello. En casos de dolor muy intenso, el médico puede prescribir corticoides por un tiempo breve.
Betabloqueantes: En caso de que las palpitaciones del hipertiroidismo inicial sean muy molestas.
Seguimiento: Controlar que la fase de hipotiroidismo sea solo transitoria.
Es fundamental comprender que, aunque el dolor de la tiroiditis de De Quervain puede ser alarmante, la recuperación completa es la norma en casi todos los casos. No automedicarse es clave, ya que el uso de hormona tiroidea en la fase inicial de hipertiroidismo podría empeorar los síntomas.