Además de las causas autoinmunes o quirúrgicas, existen otros factores externos y biológicos que pueden alterar el funcionamiento de la tiroides. Es fundamental conocerlos, ya que en muchos casos su origen es ambiental o provocado por tratamientos para otras patologías. Entre estos factores se incluyen la deficiencia de yodo, el envejecimiento, el uso de ciertos medicamentos y la radioterapia.
Es una condición médica que se presenta cuando el organismo no recibe la cantidad suficiente de yodo, un mineral esencial para la producción de hormonas tiroideas por parte de la glándula tiroides. Sin suficiente yodo, la tiroides no puede fabricar T4 ni T3, lo que obliga a la glándula a esforzarse más, pudiendo dar lugar a la aparición de bocio (un aumento del tamaño de la glándula).
La deficiencia puede originarse por una ingesta insuficiente a través de la dieta o debido a factores ambientales, como en áreas geográficas con suelos pobres en yodo. Para prevenir este tipo de hipotiroidismo, las estrategias principales incluyen la suplementación médica y la incorporación de yodo a la sal de mesa (sal yodada). A nivel global, sigue siendo la causa más frecuente de hipotiroidismo evitable.
Más información sobre la importancia del yodo como nutriente aquí y de no excederse en su consumo en el apartado de "Atención al consumo de YODO" dentro de la página de Alimentos a Evitar.
Paradójicamente, un consumo excesivo y repentino de yodo (como el que se encuentra en ciertos contrastes radiológicos, medicamentos o suplementos de algas marinas) puede provocar un bloqueo temporal en la glándula tiroides. Este fenómeno detiene la producción de hormonas y puede desencadenar hipotiroidismo, especialmente en personas que ya presentan una enfermedad tiroidea subyacente.
A medida que las personas envejecen, la glándula tiroides puede experimentar cambios y volverse menos eficiente en la producción de hormonas tiroideas. Esta situación se conoce comúnmente como hipotiroidismo primario relacionado con la edad y suele presentarse de forma gradual, siendo frecuente que los síntomas se confundan con el propio proceso de envejecimiento.
Es especialmente común en mujeres mayores de 60 años, donde la prevalencia del hipotiroidismo subclínico (una forma leve) aumenta significativamente.
Algunos medicamentos pueden interferir con la función de la glándula tiroides. Los siguientes ejemplos son conocidos por tener efectos sobre la función tiroidea, pudiendo conducir al hipotiroidismo:
la amiodarona (utilizada para tratar problemas cardíacos, debido a su altísimo contenido en yodo),
el litio (empleado en trastornos psiquiátricos) y
el interferón (usado en el tratamiento de ciertas condiciones médicas)
Inhibidores de puntos de control inmunitario (fármacos modernos utilizados en inmunoterapia contra el cáncer).
Por ello, es fundamental que las personas bajo estos tratamientos se realicen controles periódicos de la función tiroidea.
Otra causa potencial es la radioterapia en el cuello o la cabeza, empleada en el tratamiento de algunos tipos de cáncer (como linfomas o tumores de laringe). Esta radiación puede dañar las células de la glándula tiroides, afectando su capacidad para producir hormonas tiroideas y, eventualmente, conduciendo al hipotiroidismo, el cual puede aparecer meses o incluso años después del tratamiento.
Por este motivo, los pacientes que han recibido radioterapia cervical deben realizarse pruebas de función tiroidea de por vida de forma periódica.
En casos poco frecuentes, la tiroides puede verse afectada por enfermedades que depositan sustancias ajenas en el tejido glandular, como la hemocromatosis (exceso de hierro), la amiloidosis o la sarcoidosis. Estas sustancias invaden y dañan el tejido sano de la tiroides, reduciendo su capacidad para fabricar hormonas y provocando un hipotiroidismo de origen orgánico.