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El tratamiento no es igual para todos; la elección dependerá de la causa (como la enfermedad de Graves), la edad del paciente y la gravedad de su estado. Las opciones más comunes son:
Los medicamentos antitiroideos, como el metimazol y el propiltiouracilo, son comúnmente recetados para bloquear la producción excesiva de hormonas tiroideas. Estos fármacos actúan inhibiendo la actividad de la glándula tiroides, lo que permite que los niveles hormonales vuelvan a la normalidad de forma gradual bajo supervisión médica.
Se trata de una opción definitiva que se administra por vía oral (generalmente en una cápsula o líquido) para destruir parte de la glándula y reducir su capacidad de producir hormonas. Es un tratamiento utilizado muy a menudo en casos de Enfermedad de Graves-Basedow y, aunque es sumamente eficaz, suele llevar al paciente a un estado de hipotiroidismo. Por este motivo, será necesario tomar hormona tiroidea sintética de por vida para mantener el equilibrio metabólico tras el procedimiento.
En algunos casos, el especialista puede recomendar la extirpación quirúrgica de parte o de toda la glándula tiroides. Esto puede ser una opción si los medicamentos antitiroideos o el yodo radiactivo no son adecuados para el paciente, o bien si existen preocupaciones adicionales como la presencia de nódulos tiroideos o un bocio de gran tamaño que dificulte la respiración o la capacidad de tragar.
Los medicamentos betabloqueadores, como el propranolol, pueden ayudar a aliviar algunos de los síntomas asociados con el hipertiroidismo, como la taquicardia y la ansiedad, aunque no tratan la causa subyacente. Su función es actuar como un apoyo para mejorar la calidad de vida mientras el tratamiento principal hace efecto.
Es importante señalar que el tratamiento específico dependerá de la evaluación del médico y de la condición única de cada paciente. La elección del tratamiento también puede estar influenciada por factores como la edad, la presencia de otras condiciones médicas y la preferencia del paciente. Es fundamental seguir las indicaciones del especialista y realizar un seguimiento regular para monitorear la respuesta al tratamiento.