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En el apartado “Cómo funcional la Tiroides y las hormonas tiroideas”, vimos cómo la hormona tiroidea T4 debe convertirse en T3 para activarse y alcanzar su máximo potencial biológico. Esta conversión es un proceso delicado que depende de las necesidades de tu cuerpo y se ve influenciado directamente por varios factores, como la salud, la nutrición y otros aspectos hormonales .
Existen ciertos alimentos y sustancias que pueden interferir en este proceso o afectar la función tiroidea en algunas personas, dependiendo de su estado médico y tolerancia individual.
A continuación, presentamos algunos de los alimentos que se mencionan frecuentemente como posibles factores que pueden influir en la conversión de T4 a T3 y en el funcionamiento adecuado de la tiroides. Por ello, en caso de hipotiroidismo, suele recomendarse evitar o reducir su consumo, o bien prestar especial atención a su forma de preparación:
El consumo excesivo de azúcar puede resultar perjudicial para la salud, especialmente en personas con trastornos tiroideos. Este hábito se ha asociado comúnmente con la inestabilidad en los niveles de glucosa en sangre, lo que puede generar resistencia a la insulina y afectar la salud de la tiroides.
La insulina, una hormona producida por el páncreas, regula los niveles de azúcar (glucosa) en la sangre. Cuando se consumen alimentos ricos en glucosa, como dulces, pan y alimentos ultraprocesados, el cuerpo libera insulina. Esta hormona permite que las células absorban la glucosa del torrente sanguíneo, proporcionándoles energía y almacenando el exceso en el hígado para liberarla cuando los niveles de azúcar disminuyan, manteniendo así un equilibrio adecuado.
La insulina también influye en el transporte de hormonas tiroideas y en la conversión de T4 a T3. Niveles elevados de insulina o la resistencia a la misma (cuando las células no responden adecuadamente) pueden afectar esta conversión y, junto con las variaciones de azúcar en sangre, impactar el funcionamiento general de la tiroides. Esto puede ocasionar problemas hormonales y afectar la regulación tiroidea, aunque los efectos varían entre individuos. La falta de insulina puede dar lugar a problemas como la diabetes, donde los niveles de azúcar en sangre no pueden regularse adecuadamente.
Además, el azúcar puede contribuir a la permeabilidad intestinal, que es la capacidad del intestino para permitir el paso de sustancias a través de su pared hacia el torrente sanguíneo, aumentando la inflamación. En enfermedades autoinmunes como la tiroiditis de Hashimoto, es crucial reducir esta inflamación, ya que puede desencadenar respuestas inmunitarias y empeorar la situación.
Por último, es importante destacar que el hipotiroidismo puede ralentizar el metabolismo, dificultando la quema de calorías y aumentando el riesgo de ganar peso rápidamente. Los alimentos ricos en azúcar a menudo aportan "calorías vacías" que aumentan el riesgo de obesidad, complicando aún más la condición.
Padezcas o no hipotiroidismo, reducir el consumo de azúcar y optar por alternativas naturales como la stevia siempre será beneficioso para la salud.
Es recomendable evitar o reducir el consumo de alimentos ultraprocesados, ya que suelen contener elementos que pueden ser perjudiciales para personas con hipotiroidismo. Estos productos a menudo incluyen altos niveles de ingredientes no saludables, como azúcares añadidos, grasas saturadas, sodio y una variedad considerable de aditivos (colorantes, conservantes, potenciadores del sabor, aromatizantes, entre otros). Algunos de estos aditivos pueden tener efectos negativos para la salud a largo plazo.
Optar por opciones más naturales y frescas puede resultar beneficioso para la salud, especialmente si son alimentos de temporada y proximidad. Los alimentos integrales como frutas, verduras, granos enteros y proteínas magras, proporcionan nutrientes esenciales de manera equilibrada.
Es importante destacar que cada persona es única y las necesidades nutricionales pueden variar. Sin embargo, priorizar alimentos frescos y minimizar la ingesta de alimentos ultraprocesados suele ser una elección saludable. Asimismo, se recomienda leer detenidamente las etiquetas de los productos para conocer los ingredientes que contienen y tomar decisiones informadas sobre la alimentación.
Algunos ACEITES Vegetales como los de soja, maíz, colza, girasol y canola pueden ser problemáticos, ya que bloquean la producción, transporte y utilización de las hormonas tiroideas. Además, pueden promover la inflamación, empeorando la situación en personas con la glándula inflamada.
Se recomienda priorizar el aceite de oliva (preferiblemente virgen extra) y también el aceite de coco virgen, que es muy estable y beneficioso para el metabolismo. .
La soja y sus derivados, como la salsa, el queso, los yogures, el tofu, el tempeh, el edamame, la leche de soja y el aceite de soja, contienen goitrógenos, sustancias que inhiben la actividad de la enzima tiroperoxidasa, esencial para el funcionamiento adecuado de la tiroides. Además, la soja contiene fitatos y goitrinas, compuestos que pueden interferir con la absorción de la levotiroxina, por lo que se recomienda esperar al menos 4 horas después de tomar el medicamento antes de consumir cualquier alimento de soja.
La relación entre la soja y el hipotiroidismo ha sido objeto de debate y estudio. Aunque contiene compuestos que pueden afectar la absorción de yodo o la producción de hormonas tiroideas, la mayoría de las personas pueden consumirla sin experimentar problemas significativos. Sin embargo, se ha observado que grandes cantidades de soja o suplementos de isoflavonas podrían interferir con la absorción de hormonas tiroideas en personas que ya tienen deficiencias en la función tiroidea.
Por lo tanto, si tienes hipotiroidismo o cualquier trastorno tiroideo, es crucial discutir tu dieta con un profesional de la salud, especialmente si tomas levotiroxina.
En resumen, en la mayoría de las personas, el consumo moderado de soja no parece tener un impacto negativo, pero las personas con trastornos tiroideos deben tener precaución y consultar a su médico.
Las palabras «bociógeno» y «goitrógeno» se utilizan comúnmente de manera intercambiable para referirse a sustancias que pueden interferir con la función de la glándula tiroides y contribuir al desarrollo de bocio (agrandamiento de la glándula tiroides). Estas sustancias pueden interferir con la absorción de yodo y con la conversión de T4 a T3.
Aunque por lo general no representan un problema para personas con una tiroides saludable, se recomienda limitar su consumo y cocinarlos siempre para reducir su contenido goitrógenos, en casos de hipotiroidismo o deficiencia de yodo. En cambio, en el caso de hipertiroidismo, la situación es opuesta: pueden ser beneficiosos, especialmente si se consumen crudos.
Es importante destacar que el impacto depende de la cantidad consumida, la preparación de los alimentos y la salud general de cada persona.
Todas las crucíferas contienen goitrógenos, pero no todos los alimentos con goitrógenos son crucíferas:
Crucíferas: Brócoli, repollo, col, col rizada, coliflor, berro, nabo, kale y coles de Bruselas.
Otros con goitrógenos: Rábanos, apio, cebolla, patatas, yuca y boniato.
Concentraciones bajas: Trigo, nueces, castañas, cacahuetes (manís), piñones, peras, melocotones (duraznos), higos, uvas y fresas.
Legumbres y aceites: La soja (tofu, leche, tempeh, edamame) y aceites de soja y canola.
Si tienes preocupaciones específicas sobre tu tiroides, te recomendamos consultar a un profesional de la salud, como un endocrinólogo o un nutricionista, para obtener orientación personalizada.
El gluten, presente en cereales como trigo, cebada, centeno, espelta y kamut, contiene gliadina, una proteína que, según algunas teorías, comparte similitudes moleculares con la glándula tiroides. Esta similitud podría desencadenar respuestas en el sistema inmunitario, que al detectar la gliadina en el torrente sanguíneo, podría atacar a la glándula tiroides por error, debilitándola y provocando la tiroiditis.
El gluten suele excluirse en casos de tiroiditis de Hashimoto, ya que ayuda a reducir la producción de anticuerpos que atacan las células tiroideas. Algunos estudios incluso afirman que personas con Hashimoto eliminan síntomas y reducen o eliminan su medicación al dejar de consumirlo.
Es importante destacar que la relación entre el hipotiroidismo y el gluten varía entre individuos y no todos experimentan problemas. Las dificultades para asimilar estos cereales en pueden deberse a las mutaciones que han sufrido los cereales para adaptarse a la industria, para las cuales nuestro cuerpo no ha evolucionado.
La clave es prestar atención a cómo te sientes. Si después de ingerir alimentos con gluten tienes síntomas como dolor de estómago, hinchazón abdominal o vómito, ve al médico para un análisis de sangre celíaca. Eliminar el gluten de tus comidas debería evitar estos síntomas.
Por otro lado, es común que las personas diagnosticadas con enfermedad celíaca también presenten hipotiroidismo y viceversa. La celiaquía daña la mucosa del intestino delgado, lo que puede obstaculizar la absorción de la medicación (levotiroxina) para regular la tiroides.
Para quienes deban evitar el gluten, se recomiendan opciones como trigo sarraceno, arroz, quinoa y teff. Se aconseja evitar o reducir los productos de maíz, ya que este cereal puede resultar inflamatorio para algunas personas y afectar la permeabilidad intestinal.
Si tienes hipotiroidismo y estás considerando eliminar el gluten de tu dieta, es importante consultar a un profesional de la salud para obtener orientación personalizada.
El adecuado equilibrio de yodo es fundamental para la salud tiroidea, ya que tanto la deficiencia como el exceso pueden desencadenar problemas. Para quienes tienen hipotiroidismo, es importante incorporar alimentos ricos en yodo (pescados, mariscos, sal yodada y algas), mientras que en casos de hipertiroidismo, es recomendable evitarlos.
La relación entre la dieta y el yodo varía según la región geográfica y la disponibilidad en el suelo. En áreas con deficiencia, puede ser necesario recurrir a fuentes adicionales.
Las algas marinas (nori, kelp) son muy ricas en yodo. Su exceso puede ser perjudicial en casos de sensibilidad, como la tiroiditis de Hashimoto, donde un pico de yodo puede empeorar los síntomas autoinmunes. Es vital moderar su consumo y consultar con un profesional.
El yodo es un componente esencial para la producción de hormonas tiroideas, pero su exceso puede desencadenar o empeorar los síntomas en personas con tiroiditis autoinmune.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda una ingesta diaria de sal de menos de 5 gramos. El consumo excesivo de sal se ha asociado con diversos problemas de salud, como hipertensión arterial y enfermedades cardiovasculares.
Se recomienda optar por sal gruesa o sin refinar, ya que la sal de mesa común suele pasar por procesos que eliminan minerales beneficiosos y pueden incluir aditivos innecesarios.
Además, se recomienda leer las etiquetas de los alimentos y evitar los productos procesados y enlatados, ya que suelen contener niveles elevados de sal.
Optar por alimentos frescos, preparados en casa, y reducir la dependencia de alimentos altamente procesados puede ayudar a mantener una ingesta de sal más controlada y contribuir a una dieta más saludable.
Según un estudio, el exceso de sal puede alterar las células que evitan el exceso de inflamación, lo que podría provocar también enfermedades autoinmunitarias. Por lo tanto, es importante tener precaución con el exceso de sal en la dieta.
El consumo de múltiples tazas de café diariamente puede tener efectos negativos en la salud. El café ha sido asociado con un aumento en la permeabilidad intestinal; si esta barrera se daña, permite el paso de sustancias perjudiciales al torrente sanguíneo, lo que activa el sistema inmunológico y genera más anticuerpos que podrían atacar la tiroides. Esto es especialmente desaconsejable en trastornos autoinmunes.
En personas con hipotiroidismo, el café puede empeorar la desregulación del cortisol al alterar su ciclo circadiano (niveles altos por la mañana y bajos por la noche).
Por último, la cafeína puede bloquear la absorción de medicamentos de reemplazo hormonal para el hipotiroidismo. Para mitigar este efecto, se debe tomar el fármaco al menos una hora antes de consumir café.
El consumo excesivo de alcohol puede tener un impacto significativo en la función tiroidea. El hígado desempeña un papel crucial en la conversión de la hormona T4 a T3 (la forma activa); el alcohol puede afectar la función hepática, disminuyendo esta conversión y reduciendo los niveles de esta hormona esencial.
Además, el alcohol puede interferir con la absorción de hormonas tiroideas, tanto las naturales como las de medicación (levotiroxina), reduciendo la eficacia del tratamiento. Este desequilibrio hormonal puede exacerbar los síntomas del hipotiroidismo, como fatiga, depresión y aumento de peso.
Por lo tanto, se recomienda que las personas con hipotiroidismo eviten su consumo. En el caso de personas sin trastornos tiroideos, se sugiere un consumo moderado, siguiendo las pautas de consumo responsable.
Es fundamental consultar con un médico para evaluar el impacto personalizado del alcohol y las posibles interacciones con medicamentos.
Aunque una dieta rica en fibra es fundamental para la salud digestiva y para combatir el estreñimiento (frecuente en el hipotiroidismo, en el que se suele ralentizar el tránsito intestinal, lo que dificulta la evacuación regular), un exceso repentino puede ser contraproducente.
La fibra, especialmente la insoluble presente en cereales integrales y legumbres y frutas, puede unirse a la levotiroxina en el intestino, impidiendo que el cuerpo la absorba correctamente. De hecho, la proporción ideal de fibra en la dieta, generalmente sugerida como 3/1, prioriza la fibra insoluble, presente en los alimentos mencionados anteriormente. Por ello, se recomienda esperar al menos 4 horas después de tomar el medicamento antes de consumir alimentos ricos en fibra.
Además, el exceso de fibra puede afectar la absorción de minerales esenciales para la función tiroidea, como el zinc y el selenio, que son cruciales para la conversión de T4 a T3 y para la producción de hormonas tiroideas.
El equilibrio es la clave: la OMS recomienda unos 25 gramos al día. Si decides aumentar su consumo, hazlo de forma gradual y asegúrate de consultar con tu profesional de la salud para planificar tus comidas sin comprometer la eficacia de tu tratamiento.
Muchos expertos sugieren reducir o eliminar los lácteos en dietas para la tiroides, especialmente en casos de Hashimoto. Un argumento clave es que el ser humano es el único animal que sigue consumiendo leche en la edad adulta y, además, de una especie distinta a la suya, lo que explica la gran cantidad de intolerancias que genera nuestro sistema digestivo al no estar diseñado para procesarla permanentemente.
Esto afecta a la tiroides principalmente por dos factores:
La Caseína: Es la proteína principal de la leche. Su estructura molecular puede resultar difícil de digerir para algunas personas, provocando inflamación sistémica. En algunos casos, el sistema inmunitario puede confundirla con el tejido tiroideo, agravando la respuesta autoinmune.
La Lactosa: La intolerancia a la lactosa es muy frecuente. Cuando el intestino no la procesa bien, se genera una inflamación que daña la mucosa intestinal, lo que puede obstaculizar la absorción de la medicación (levotiroxina) y de nutrientes clave.
Recomendación: Si decides consumir lácteos, los de cabra u oveja suelen ser mucho más fáciles de asimilar que los de vaca, ya que sus proteínas son más similares a las humanas. Prioriza los fermentados (como kéfir o yogur natural sin azúcar), ya que son más fáciles de digerir y benefician la microbiota intestinal. También puedes optar por alternativas vegetales (almendra, coco, avellana), asegurándote de que no contengan azúcares añadidos ni aditivos perjudiciales.
La tiroides depende de una orquesta de nutrientes para funcionar correctamente. Cuando faltan algunos de estos nutrientes clave, la conversión de la hormona T4 a T3 se ve comprometida. Imagina que las enzimas (que realizan esta conversión) son como pequeñas máquinas que necesitan combustible (los nutrientes) para funcionar. Si falta, las máquinas se ralentizan.
Aunque vienen detallados en el apartado siguiente [Nutrientes Clave], te adelantamos los principales:
El selenio: Un antioxidante potente que protege la tiroides y es crucial para la conversión de T4 a T3.
El zinc: Necesario para la producción de hormonas tiroideas.
El hierro: Juega un papel importante en la producción de hormonas.
Vitamina D y vitaminas del complejo B: Esenciales para el funcionamiento general de la glándula.
La deficiencia de cualquiera de ellos puede tener un impacto negativo en la función tiroidea, manifestándose en síntomas como fatiga, aumento de peso, depresión y cambios en el estado de ánimo. Por eso, es crucial mantener una dieta equilibrada y variada, rica en alimentos que aporten nutrientes. Visita el apartado de [Nutrientes Clave] para saber dónde obtenerlos.
Si tienes hipotiroidismo o sospechas de ello, consulta con un profesional para evaluar tus niveles y considerar suplementos si fuera necesario.