🔬 ESTUDIOS DE IMAGEN
En algunos casos, los análisis de sangre no son suficientes y el profesional requiere identificar la causa física o estructural del trastorno. Estas pruebas permiten visualizar la glándula para evaluar su morfología y detectar posibles alteraciones.
El ultrasonido utiliza ondas sonoras para crear imágenes detalladas de la glándula y evaluar su tamaño, forma y estructura. Es fundamental para identificar nódulos tiroideos y detectar bocio.
Por otro lado, la ecografía cervical es similar pero incluye un examen más amplio del cuello, permitiendo visualizar también otras estructuras como ganglios linfáticos y vasos sanguíneos.
Si en la ecografía se detectan rasgos sospechosos, el siguiente paso suele ser la PAAF o ampliar información en Cáncer de Tiroides.
Utiliza una pequeña cantidad de material radiactivo para evaluar la función y la estructura de la glándula tiroides, ayudando a determinar si los nódulos son sospechosos de malignidad.
La captación de radioisótopos es el proceso clave: se administra una pequeña cantidad de material (como yodo radiactivo) que la tiroides absorbe. Las imágenes permiten observar la distribución:
Nódulos hipercaptantes: Absorben más yodo y suelen ser benignos, aunque pueden causar un exceso de hormonas. Aprende más sobre cómo estos nódulos pueden causar Hipertiroidismo (Enfermedad de Plummer).
Nódulos hipocaptantes o «fríos»: Absorben menos o nada, y pueden ser sospechosos de malignidad. Si el resultado no es concluyente o el nódulo es frío, consulta la sección de Cáncer de Tiroides.
Es una técnica segura y precisa para obtener muestras de tejido de los nódulos tiroideos y evaluar su naturaleza (benigna o maligna).
Para entender qué sucede si los resultados muestran células atípicas, visita Cáncer de Tiroides.