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Beber agua y mantenerse hidratado es fundamental para asegurar que todos los sistemas del cuerpo, incluida la tiroides, funcionen de manera óptima. Haz clic en cada punto para saber más:
Una adecuada hidratación facilita las reacciones bioquímicas en el cuerpo, optimizando el metabolismo celular y permitiendo que las hormonas tiroideas realicen sus funciones eficientemente.
El agua es esencial para el transporte de nutrientes y hormonas en el cuerpo. Es, por tanto, el vehículo necesario para que el yodo y el selenio (vitales para fabricar hormonas) se disuelvan y lleguen a tu glándula tiroides y al resto de tus células.
Las hormonas tiroideas influyen en la producción de calor del cuerpo y una buena hidratación permite una mejor regulación térmica, clave si sientes frío por el hipotiroidismo.
Mantenerse hidratado ayuda a los riñones a eliminar desechos y toxinas del cuerpo, lo cual puede ayudar a prevenir problemas que podrían afectar la función tiroidea.
Cuando estamos deshidratados, la sangre se vuelve más densa y la "limpieza" se ralentiza, obligando al hígado a trabajar el doble para procesar estas toxinas. Un organismo saturado de desechos es un entorno donde la tiroides no puede trabajar correctamente, ya que el exceso de toxinas puede bloquear los receptores hormonales celulares. Beber suficiente agua asegura que este sistema de alcantarillado natural funcione sin atascos, protegiendo tu función tiroidea.
La deshidratación puede incrementar el estrés físico y desencadenar problemas hormonales que afecten indirectamente a la tiroides.
Cuando falta agua, el cuerpo entra en "modo supervivencia": el volumen de sangre disminuye, el corazón tiene que trabajar más (aumenta la frecuencia cardíaca) y el sistema nervioso activa la liberación de cortisol (la hormona del estrés). El cortisol alto de forma mantenida es uno de los grandes enemigos de la tiroides, ya que frena la conversión de T4 a T3.
Mantener un estado de hidratación adecuado puede ayudar a mitigar estos riesgos.
Para proteger tu tiroides, intenta consumir agua filtrada. El cloro y el flúor presentes en el agua del grifo son sustancias tan parecidas al yodo que pueden "engañar" a tu glándula, ocupando su lugar, impidiendo que esta pueda usarlo para fabricar hormonas. Además, el filtrado ayuda a eliminar otras sustancias no deseadas como metales pesados (plomo, aluminio) y microplásticos, que pueden actuar como disruptores endocrinos afectando tu equilibrio hormonal.
Usar jarras filtradoras (preferiblemente de cristal o libres de BPA) o sistemas de ósmosis es una forma sencilla y eficaz de evitar estas interferencias en tu salud.
Para más información sobre cómo te afectan estas sustancias y dónde encontrar los sistemas de filtrado y jarras recomendadas para tu hogar, visita nuestra sección: DISRUPTORES NATURALES: METALES PESADOS.
En conclusión, mantenerse hidratado es fundamental para asegurar que todos los sistemas del cuerpo, incluida la tiroides, funcionen de manera óptima. Aunque la hidratación por sí sola no cura afecciones tiroideas, es una parte vital de un estilo de vida saludable que apoya la función tiroidea.