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Además de las causas autoinmunes o quirúrgicas, existen otros factores externos y biológicos que pueden alterar el funcionamiento de la tiroides. Es fundamental conocerlos, ya que en muchos casos su origen es ambiental o provocado por tratamientos para otras patologías. Entre estos factores se incluyen la deficiencia de yodo, el envejecimiento, el uso de ciertos medicamentos y la radioterapia.
Es una condición médica que se presenta cuando el organismo no recibe la cantidad suficiente de yodo, un mineral esencial para la producción de hormonas tiroideas por parte de la glándula tiroides.
La deficiencia puede originarse por una ingesta insuficiente a través de la dieta o debido a factores ambientales, como en áreas geográficas con suelos pobres en yodo. Para prevenir este tipo de hipotiroidismo, las estrategias principales incluyen la suplementación médica y la incorporación de yodo a la sal de mesa (sal yodada).
Más información sobre la importancia del yodo como nutriente [aquí] y de no excederse en su consumo en el apartado de "Atención al consumo de YODO" dentro de la página de Alimentos a Evitar.
A medida que las personas envejecen, la glándula tiroides puede experimentar cambios y volverse menos eficiente en la producción de hormonas tiroideas. Esta situación se conoce comúnmente como hipotiroidismo primario relacionado con la edad y suele presentarse de forma gradual, siendo frecuente que los síntomas se confundan con el propio proceso de envejecimiento.
Algunos medicamentos pueden interferir con la función de la glándula tiroides. Los siguientes ejemplos son conocidos por tener efectos sobre la función tiroidea, pudiendo conducir al hipotiroidismo:
la amiodarona (utilizada para tratar problemas cardíacos),
el litio (empleado en trastornos psiquiátricos) y
el interferón (usado en el tratamiento de ciertas condiciones médicas)
Por ello, es fundamental que las personas bajo estos tratamientos se realicen controles periódicos de la función tiroidea.
Otra causa potencial es la radioterapia en el cuello o la cabeza, empleada en el tratamiento de algunos tipos de cáncer. Esta radiación puede dañar las células de la glándula tiroides, afectando su capacidad para producir hormonas tiroideas y, eventualmente, conduciendo al hipotiroidismo, el cual puede aparecer meses o incluso años después del tratamiento.