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Sí, pueden afectar a ambos, ya que todos tenemos un sistema hormonal que puede ser alterado por estas sustancias. Sin embargo, como nuestros cuerpos funcionan de forma diferente, los efectos se manifiestan de distinta manera:
Impacto en las mujeres: La exposición puede causar problemas en los ovarios, afectando a la ovulación, la regularidad de la regla y la fertilidad. También se asocian con trastornos como el Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP) o un mayor riesgo de desarrollar enfermedades en órganos que dependen de las hormonas (como el pecho o el útero).
Impacto en los hombres: Los disruptores pueden dañar la calidad del esperma y reducir la fertilidad. Además, interfieren con la testosterona, lo que puede provocar problemas de erección o afectar al desarrollo de los rasgos masculinos si la exposición ocurre durante el crecimiento o el embarazo.
En resumen, aunque todos somos vulnerables, estos químicos atacan de forma específica según el sexo y el equilibrio hormonal de cada persona.
El primer paso para proteger su salud es convertirse en un consumidor consciente. Como hemos visto, los disruptores endocrinos están presentes en los objetos más cotidianos, por lo que acostumbrarse a leer las etiquetas es nuestra mejor defensa.
Alimentación y envases: Priorice alimentos frescos y evite los plásticos que contienen Bisfenol A (BPA) o ftalatos en contacto con la comida.
Higiene y Cosmética: Busque productos libres de parabenos y fragancias sintéticas.
Juguetes y artículos infantiles: Es crucial revisar que estén libres de ftalatos y metales pesados, ya que los niños son los más vulnerables a estos químicos.
Hogar y Tecnología: Desde los productos de limpieza hasta los muebles, textiles y aparatos electrónicos; elija siempre que pueda materiales naturales y libres de tóxicos.
Busque la transparencia: Priorice marcas que detallan abiertamente sus ingredientes y materiales, apostando por procesos de fabricación seguros y honestos.
En resumen, buscar información sobre lo que metemos en casa es la mejor estrategia para reducir la exposición a tóxicos y asegurar un entorno saludable para toda la familia.
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Promover la educación sobre productos seguros y prácticas saludables es la herramienta más poderosa que tenemos para combatir los disruptores endocrinos. Al compartir este conocimiento con familiares, amigos y su entorno, usted no solo ayuda a otros a protegerse, sino que se convierte en parte de un cambio global.
Crea conciencia pública: Muchas personas desconocen que productos cotidianos pueden alterar sus hormonas. La educación nos permite tomar decisiones informadas y buscar alternativas seguras.
Influye en el mercado: Cuando los consumidores dejamos de comprar productos con tóxicos y demandamos transparencia, las empresas se ven obligadas a cambiar sus fórmulas y procesos para no perder clientes.
Impulsa cambios políticos: Una sociedad informada tiene la capacidad de presionar a los gobiernos para que establezcan regulaciones más estrictas y protejan nuestra salud pública.
Fomenta la sostenibilidad: Compartir alternativas seguras estimula una demanda creciente de productos saludables, impulsando una evolución hacia prácticas más sostenibles para todos.
Compartir información sobre alternativas seguras no solo previene exposiciones no deseadas, sino que también estimula una demanda creciente de productos más seguros, impulsando así la evolución hacia prácticas más sostenibles y saludables.
La investigación sobre el impacto de los disruptores endocrinos está en curso. Mientras tanto, muchas personas optan por productos orgánicos o etiquetados como "libres de estos compuestos" como una medida de precaución.
Evidencias de la OMS (Informe State of the Science). La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte de un aumento en problemas de fertilidad, malformaciones genitales, cáncer y trastornos del sistema inmunológico. De los cerca de 800 posibles disruptores identificados, pocos han sido investigados exhaustivamente y la mayoría de las sustancias en el mercado carecen aún de evaluación.
Avances de la Comisión Europea. En el cuarto foro de septiembre de 2022, se resaltó la complejidad y la necesidad de cooperación en los métodos de prueba.
Se expresó una gran preocupación por los efectos en la tiroides y su conexión con la disminución del coeficiente intelectual.
La Comisión reafirmó su compromiso con la concienciación pública y anunció una regulación para identificar estos compuestos, anticipando su prohibición en productos de consumo (excepto casos esenciales).
Se destacó el orgullo por el liderazgo de la UE en esta regulación y la importancia de invertir en validar métodos de prueba.
Cooperación y Reglamento REACH. Tras dicho foro, la Comisión solicitó a la ECHA y la EFSA un documento común de orientación para identificar disruptores en productos fitosanitarios y biocidas. Además, bajo el Reglamento REACH (2006), estas sustancias pueden identificarse como "extremadamente preocupantes", junto a las cancerígenas o tóxicas para la reproducción. Este reglamento es clave para garantizar una gestión adecuada de todas las sustancias químicas producidas o importadas en cantidades significativas en la Unión Europea.